En medio de las calles anegadas y el llanto de familias que intentaban salvar lo poco que les quedaba, un mototaxista de Monteria, Córdoba decidió no quedarse quieto.

No era influencer, no tenía seguidores ni patrocinios; era solo otro trabajador del rebusque que, al ver el agua avanzar y las casas ceder, tomó su motocicleta, buscó un pedazo de cartón y escribió con marcador negro: “Servicio de moto gratis”.

Desde ese momento empezó a ir y venir sin descanso, cargando mujeres con niños en brazos, adultos mayores y vecinos exhaustos que caminaban con el agua a la cintura mientras rescataban colchones, neveras, gallinas y documentos mojados.

No cobró un peso, no pidió gasolina; simplemente se metió al agua y convirtió su moto en un pequeño puente entre la angustia y la esperanza.

La creciente había transformado los barrios en un pantano espeso donde todo olía a barro y a pérdida, y entre gritos y carreras por salvar lo indispensable, su presencia comenzó a notarse.

“No tengo plata para dar, pero tengo mi moto”, le dijo a un vecino que le preguntó por qué lo hacía.

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