Una encuesta interna reveló que más del 50% de los estudiantes de
Diseño de Modas de la Universidad ECCI padecen o han padecido
ansiedad, depresión o trastornos alimentarios. EMVIIMODA 2025 les dio
voz, forma y color a esos silencios.
Durante los días 7 y 8 de junio, la Universidad ECCI presentó EMVIIMODA
2025, una pasarela profundamente emocional, donde el vestuario no se
limitó a marcar tendencias, sino que se convirtió en el canal simbólico de
cientos de estudiantes que, a través del diseño, encontraron una forma de
hablar de lo que muchas veces duele en silencio.
Según la comunidad educativa más del 50% de quienes se forman en este
campo reconocen haber atravesado momentos de profunda tristeza, de
agotamiento mental, de sentirse insuficientes o desconectados de su
propia imagen. Alrededor del 40% dice haber vivido una relación difícil con
su cuerpo o con la forma en que cree que debe lucir para “pertenecer”. Y
más de un 15% admite sentir que el peso emocional del entorno los ha
paralizado alguna vez.
Frente a estos datos, la pasarela no fue una simple muestra de creatividad:fue un ritual íntimo de transformación y expresión.

7 de junio: una moda que visibiliza, abraza y redefine
La jornada abrió con “Femenino Casual: Un Jardín Encantado”, una colección donde los estampados florales y los cortes suaves evocaban la necesidad de reconectar con lo natural y lo sencillo. Muchos estudiantes que participaron en esta línea relataron haber diseñado estas prendas como una forma de salir de estados depresivos. “Recordar lo que me hacía feliz de niña, lo que me calmaba, fue parte del proceso de crear”,comentó una diseñadora de primer semestre.
Luego, en “Femenino Formal: Todas al Juego”, la moda se convirtió en
grito de lucha. Inspirada en el lenguaje deportivo y funcional, esta
colección resignificó el cuerpo femenino desde el empoderamiento. Varias
estudiantes compartieron haber vivido procesos de TCA y utilizaron esta
colección para recuperar el valor de su cuerpo como fuerza, no como
figura.
El bloque masculino inició con “Hombre Modular”, una línea inspirada en
la arquitectura flexible, diseñada por jóvenes que confesaron vivir con
trastorno por déficit de atención o ansiedad social. Las prendas
proponían sistemas adaptables, livianos y versátiles, ideales para quienes
viven en estados de cambio constante, y encuentran en la funcionalidad
una forma de organizar el caos interno.
“Dicotomía en la Penumbra” fue una de las colecciones más intensas. Con
abrigos oscuros y cortes sobrios, esta propuesta fue desarrollada por
estudiantes que con valentía expusieron sus batallas internas con la
inestabilidad emocional, el duelo y la confusión existencial. La estética del
dark cowboy y los símbolos vampíricos no fueron una moda, fueron
metáforas del dolor y la resiliencia.
“Underwear y Beachwear: Diseño Biofílico” tocó un tema íntimo y
necesario: la reconciliación con el cuerpo. En esta colección participaron
estudiantes que aún luchan contra la imagen corporal distorsionada y
encontraron en los tejidos orgánicos y los cortes suaves una manera de
resignificar su piel. «Es la primera vez que diseño algo que me haría sentir
cómoda si me lo pusiera», comentó una participante.
El cierre del día, “Alta Costura y Bioarte”, se vivió como una meditación
textil. Las prendas, elaboradas con materiales vivos y técnicas
experimentales, fueron creadas por estudiantes que han explorado el
vínculo entre salud mental, naturaleza y humanidad. Muchos de ellos encuentran en la filosofía del diseño una herramienta para enfrentar la sobrecarga sensorial, la presión digital y el aislamiento emocional.
8 de junio: cuando la niñez enseña a sanar
El segundo día, protagonizado por la colección “Minimundo, Maxi Estilo”,
fue un estallido de color, caos y verdad. Diseñada desde una observación
profunda de las emociones infantiles, esta colección fue construida por
estudiantes que encontraron en la libertad creativa del niño una manera
de sanar traumas del pasado, combatir el miedo a no encajar y abrazar
lo que los hace únicos.
Las prendas no obedecían reglas estéticas: eran espontáneas, intensas y
valientes. Había capas para protegerse del miedo, pantalones que saltaban
con alegría, camisetas que reían sin motivo. “Diseñamos como si
volviéramos a jugar”, dijo uno de los creadores. Y en ese juego, también
hubo consuelo.
EMVIIMODA 2025 fue la prueba viva de que la moda no se limita a adornar
cuerpos: puede salvarlos, puede hablar por ellos cuando las palabras no
alcanzan. En este desfile, las telas no solo cubrieron piel, cubrieron
cicatrices. Y lo hicieron con belleza, con simbolismo y con verdad.
Porque a veces, coser también es una forma de sanar.

