A finales de los años 80, esa década marcada por el renacimiento musical de la música tradicional campesina, gracias a Jorge Velosa y los carrangueros de ráquira, Guicán, Boyacá, sería testigo de un evento memorable. Un niño de nueve años, del municipio de Macaravita, Santander, se presentaba en el Festival Folclórico conocido como FRAILEJÓN DE ORO. El destino de aquel infante ya había sido esculpido por Dios para la grandeza.

Era un día radiante, tan luminoso como su talento, ese instante quedó grabado en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de presenciar su actuación. «Heredero» comenzaba a cautivar corazones, mostrando ese talento innato que lo destacó y predestinó desde el vientre de su madre. Siempre persiguiendo sus sueños y con metas claras en el horizonte, cada presentación era un paso más hacia la materialización de esos sueños.

Décadas de perseverancia florecieron en la madurez de su vida, creando una historia que inspirará a generaciones. Si alguien siente que sus metas no se han cumplido y se siente demasiado viejo para lograrlas, recuerde que Heredero alcanzó sus propósitos a los 45 años, después de toda una vida de intentarlo. En hora buena, maestro Feizar Orjuela.

(Foto tomada del álbum de la familia Orjuela Aponte, que siempre ha brindado su apoyo a este humilde servidor, adornando mis crónicas con datos e imágenes inéditas, que hacen veraces y reales mis escritos.)

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