En Tuta, Boyacá, un simple juego se transformó en un milagro. ‘El Chico de la Ruana’ Julián Pinilla, con su corazón noble y su palabra firme, le dijo a un niño que si lograba volar un avión de papel, les regalaría a todos una escuelita. El avión voló… y con él volaron también los sueños de decenas de pequeños campesinos.

Con el apoyo de la Fundación Mixera y la fuerza de la comunidad, esa promesa se hizo realidad: hoy los niños tienen un lugar digno para aprender, donde cada pupitre es esperanza y cada pared es futuro.

Lo que nació de un reto inocente se convirtió en un acto de amor inmenso, demostrando que la grandeza está en cumplirle a los más humildes.

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