Leoncio Andrés Soler López propone una formación más cercana a las realidades económicas, culturales, y sociales y quiere que la experiencia Universitaria abra camino al liderazgo profesional y la transformación social.
Leoncio Andrés Soler López ha estudiado cómo los juegos potencian la reflexión y el aprendizaje. Ahora, como nuevo rector de la Universidad ECCI, quiere fortalecer la manera en que se forma y prepara a los estudiantes, con modelos pedagógicos donde practica y teoría se articulan en dinámicas que integran tanto el aprendizaje cognitivo, conocimiento, métodos y herramientas, como desarrollo psicoemocional, los valores y las actitudes.
Su administración, para el periodo 2026-2030, comienza con la meta de orientar la oferta académica de la Universidad ECCI al horizonte de cambios y trasformaciones que se cruzan en el futuro cercano. Esto tiene que ver con ampliar la capacidad creativa y especulativa de la institución, en función de una cartografía amplia de las necesidades económicas y sociales del país. La creación y actualización de programas formativos, debe situarse sobre entendimientos amplios y profundos del contexto en el que se ofrecen, y donde pretenden insertarse.
“La universidad debe plantear las carreras y programas pertinentes”, afirmó. Para definir esa oferta, Soler propone escuchar con mayor detalle a las empresas, los gremios, y las comunidades: qué profesionales necesitan, qué les cuesta encontrar en el mercado laboral, cuáles son las necesidades más imperantes de la sociedad, y cómo esas necesidades deberían reflejarse en lo que se enseña.
El nuevo rector es diseñador industrial de la Universidad de los Andes y tecnólogo en polímeros de la ECCI. Cursó una maestría en el Savannah College of Art and Design, enfocada en diseño de interacción y desarrollo de juegos, y se formó en diseño de aprendizaje en Kaospilot. Se reconoce como dibujante y ha encontrado en el diseño una manera de observar cómo las personas se relacionan, participan y aprenden, siempre en lógicas constructivas e interdependientes.
Soler sucede a Fernando Arturo Soler López, de quien destacó el trabajo en cooperación internacional, los vínculos con la industria y el desarrollo de propuestas académicas. Según explicó, su elección se produjo mediante un proceso, con acompañamiento externo y participación de órganos colegiados con representación docente y estudiantil.
La institución que recibe tiene una historia ligada al trabajo y a la formación práctica. Nació en 1977 como Escuela Colombiana de Carreras Intermedias, con una oferta inicial vinculada a campos como los plásticos, la electrónica industrial y la mecánica automotriz. En 2014 obtuvo el reconocimiento como universidad. Esa trayectoria es uno de los puntos de partida de la gestión de Soler, quien busca dar nuevo impulso a Innovador y propositivo de la Universidad ECCI.
Los laboratorios tienen un papel central en esa propuesta. La ECCI recibió recientemente una donación de 40 motores de General Motors para fortalecer la formación en Ingeniería Mecánica y Tecnología en Mecánica Automotriz. Trabajar con estos componentes permitirá a los estudiantes realizar ejercicios de diagnóstico y mantenimiento y familiarizarse con equipos que encontrarán en su ejercicio profesional.
Soler quiere que esa experiencia práctica abra también oportunidades para asumir responsabilidades de dirección. “Creo que algo importante es que no solo sepan hacer, sino que puedan también liderar y co-crear con otros”, señaló. Su propósito es reforzar las capacidades para trabajar en equipo y construir soluciones junto a otros.
Para conseguirlo, la preparación de los profesores será una de sus prioridades. El rector considera que dominar una disciplina y saber enseñarla requieren capacidades que deben desarrollarse. Su propuesta es acompañar a quienes llegan a la docencia desde diferentes profesiones y fortalecer sus herramientas pedagógicas. Cuando se le preguntó qué legado quisiera dejar, eligió precisamente ese: producir una identidad docente coherente con lo que hace mas valiosa y autentica a esta institución.
También plantea revisar cómo se mide el crecimiento de una universidad. Aunque reconoce la importancia de las matrículas para el sostenimiento de una institución privada, sostiene que su aporte debe verse en las capacidades que ayuda a desarrollar en la sociedad. De ahí su interés en ampliar los posgrados y las alternativas de formación para personas que necesitan actualizar sus conocimientos durante la vida.
Para Cali y Medellín, expresó la disposición de trabajar con las autoridades locales y poner los conocimientos y espacios de la universidad al servicio de procesos formativos que respondan a las necesidades de la ciudad.
Al hablar de lo que espera para los estudiantes en 2030, Soler vuelve a la relación entre el conocimiento y las oportunidades. Quiere preservar la posibilidad de estudiar mientras se trabaja y la formación por ciclos que permite avanzar del nivel tecnológico al profesional. A esa base se busca sumar una mayor capacidad de liderazgo, para que los egresados puedan acceder a cargos de dirección y participar en las decisiones de las organizaciones.
