Tenía apenas 17 años cuando las autoridades comenzaron a relacionarlo con una cadena de asesinatos en Bucaramanga y su área metropolitana. En abril de 2026, cuando permanecía bajo custodia en Bogotá, escapó durante un traslado médico. Durante meses fue buscado, mientras su nombre seguía apareciendo en investigaciones por hechos violentos. El 16 de octubre, su fuga terminó en una zona rural de Floridablanca.
Lo conocen como alias “Julito”, y hoy es uno de los nombres más polémicos de las investigaciones criminales en Santander.
El 20 de enero de 2026, Cynthia Valeria Espitia Argüello, de 17 años, fue asesinada con arma de fuego en el barrio San Miguel, en Bucaramanga. Otras dos jóvenes resultaron heridas en el ataque.
Las autoridades señalaron a su expareja, alias “Julito”, como presunto responsable del crimen, investigado como feminicidio.
Pero la historia no terminó con la muerte de Cynthia. En los meses siguientes, otros integrantes de su entorno familiar fueron asesinados, lo que llevó a los investigadores a examinar una posible conexión entre los casos.
El 11 de abril murió Junior Ayala Argüello, tío de la adolescente. El 23 de abril fue asesinado Jefferson Alexander Prada Grimaldos, de 33 años, señalado como primo de Cynthia. En julio se reportó la muerte de Bairon Johan Espitia Almeida, de 21 años, también mencionado en los informes sobre la familia.
La hipótesis de una posible venganza familiar apareció en publicaciones periodísticas, pero la relación entre todos estos crímenes y sus responsables debe ser establecida por las investigaciones judiciales.
En enero de 2026, cuando todavía era menor de edad, “Julito” fue aprehendido durante un operativo en una finca de la zona rural de Lebrija, cerca del aeropuerto Palonegro.
Sin embargo, meses después volvió a convertirse en objetivo de búsqueda.
En abril, mientras permanecía bajo custodia en un centro de atención para menores en Bogotá, escapó durante un traslado a una cita médica. La noticia encendió las alarmas en Santander: el joven era señalado de estar relacionado con al menos 15 homicidios, aunque otros reportes manejaron cifras superiores.
Las autoridades ofrecieron recompensas para obtener información que permitiera encontrarlo. En agosto, medios reportaron que la suma había llegado a 70 millones de pesos.
Las investigaciones también han mencionado la masacre de Villa Esperanza, donde cuatro personas fueron asesinadas en octubre de 2025, así como otros hechos violentos registrados en sectores de Bucaramanga y Floridablanca.
Entre ellos figuran homicidios en La Cumbre y ataques investigados en zonas como Canelos y el norte de Bucaramanga. En algunos reportes, las autoridades han relacionado a “Julito” con cerca de 19 casos de homicidio; otros hablan de más de 15 o de alrededor de 20 hechos violentos.
También fue señalado de integrar el componente sicarial de la estructura conocida como “Los del Sur” y de tener vínculos con actividades de tráfico local de drogas. Estos señalamientos forman parte de investigaciones y no equivalen, por sí solos, a condenas judiciales.
El viernes 16 de octubre de 2026, la Policía y el CTI lo localizaron en una zona rural de Floridablanca, en un operativo que, según los reportes, se desarrolló en el sector de Rosa Blanca.
La intervención dejó cinco hombres capturados y un adolescente aprehendido. Las autoridades informaron sobre la incautación de cuatro armas de fuego, munición, cerca de 4.000 dosis de base de coca, más de cuatro kilogramos de marihuana, dinero, celulares y motocicletas.
Con 18 años, alias “Julito” volvió a quedar en manos de las autoridades, ahora mientras avanzan las actuaciones judiciales relacionadas con los hechos que se le atribuyen.
Su captura cierra la historia de una fuga que mantuvo en alerta a Santander, pero deja abiertas preguntas fundamentales: ¿cuáles de los homicidios investigados están realmente conectados?, ¿qué papel habría desempeñado en cada caso? y ¿qué podrá probar la Fiscalía ante la justicia?
Porque una captura puede poner fin a una búsqueda, pero solo los procesos judiciales podrán establecer las responsabilidades detrás de cada crimen, ya que los señalamientos mencionados deben entenderse como presuntos mientras no exista una decisión judicial que establezca responsabilidades.
